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Se tenía que decir… Adiós al rockstar. Por: Santiago Cárdenas Destacado

10 Jun 2021
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El subsecretario de Prevención y Promoción de la Salud de la Secretaría de Salud, Hugo López-Gatell Ramírez, anunció el fin de las conferencias de prensa vespertinas que él encabezó durante poco más de 14 meses, en las que el objetivo inicial fue el de informar el desarrollo de la pandemia de coronavirus en el país y las acciones gubernamentales para enfrentarla.

 

A partir de ahora, el gobierno federal informará de otra manera sobre la pandemia en el país. En realidad, a estas alturas las conferencias de prensa sólo eran un espacio que servía para llenar el horario de las 19 horas en los canales públicos de televisión.

 

La primera conferencia de prensa de Hugo López-Gatell fue el 29 de febrero de 2020. En ese momento, y de acuerdo con el propio subsecretario, el coronavirus era una enfermedad de corta duración, apenas distinguible de un catarro, y en comparación con la pandemia de influenza AH1N1 de 2009, no ameritaba ser considerada una emergencia. En línea con el presidente Andrés Manuel López Obrador, quien alentaba a la población a abrazarse, a salir y a convivir, López-Gatell aseguraba que no valía la pena tomar medidas de control o prevención más estrictas que las asumidas durante la crisis de la gripe porcina.

 

Al poco tiempo, López-Gatell se ganó la confianza de muchos ciudadanos y se ubicó como el funcionario mejor posicionado del gobierno federal con un nivel de confiabilidad como servidor público cinco veces mayor al del propio presidente. El subsecretario de Salud apareció en portadas de la prensa rosa, y hacia finales de abril se le calificaba como “el rockstar inesperado de la 4T”, e incluso se dio tiempo de participar en una noche de lectura poética organizada por el Fondo de Cultura Económica.

 

Esa alta exposición mediática despertó al pequeño tirano, y  López-Gatell empezó a tener desplantes frente a los representantes de los medios de comunicación. “Con todo gusto te lo vuelvo a explicar”, se convirtió en una frase recurrente en su diálogo con reporteros.

 

Sin embargo, conforme sus estimaciones sobre los efectos de la pandemia se venían abajo, pues calificó como un escenario catastrófico los 60 mil fallecimientos a causa del coronavirus, rebasados por la realidad, el doctor López-Gatell se alejó de la ciencia y privilegió la política. Muy pronto, a mediados de marzo de 2020, López-Gatell ya era una comparsa de su jefe el presidente, quien además de no usar cubrebocas y negarse a guardar distancia con la gente en sus giras, presumía de usar amuletos y estampitas como protectores frente al coronavirus. Al cuestionársele sobre el riesgo que representaban los abrazos y el contacto con la gente del presidente en momentos en que la curva de contagios era ascendente, el subsecretario de Salud declaró la frase que lo define durante su gestión: “la fuerza del presidente es moral, no es una fuerza de contagio”.

 

López-Gatell también descalificó las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud de usar cubrebocas. “No hay evidencia científica que demuestre que realmente sirven”, aseguró el funcionario mexicano. Además, sin siquiera leerlo, descalificó un documento preparado y presentado por seis exsecretarios de Salud con recomendaciones para una mejor gestión de la pandemia. Lo colocó en la categoría de “fórmulas mágicas” e incluso les sugirió patentar su propuesta para controlar el crecimiento de contagios en un plazo de seis a ocho semanas. Para ese momento, la soberbia del subsecretario ya rayaba en la pedantería.

 

A estas fechas, México registra más de 229 mil muertes por COVID-19 reconocidas oficialmente. No fueron las 60 mil que López-Gatell ya calificaba como una cifra catastrófica, sino casi cuatro veces más, que son evidencia del fracaso de un gobierno que estimaba que el pico de la pandemia sería en mayo de 2020 y que en el peor de los escenarios habría 60 mil muertos. La cara visible de ese fracaso es López-Gatell, quien se disciplinó a ciegas a un presidente que de manera sistemática minimizó la gravedad de la crisis sanitaria y que se ha negado a usar cubrebocas.

 

El fin de las conferencias de prensa encabezadas por López-Gatell le quita los reflectores a un funcionario que gozaba de ellos, y que, con afanes políticos, usaba su presencia ante los representantes de los medios de comunicación para denostar, atacar, enfrentar e insultar a la prensa, siguiendo el ejemplo de su jefe el presidente.

 

López-Gatell tiene aún muchas cosas que explicar en relación con el combate a la pandemia de coronavirus en México. Ahora, por “desgaste y cansancio” de las audiencias, de manera conveniente el subsecretario se retira de los reflectores, aunque seguramente pronto estará de vuelta. Un monstruo como el que han creado en el gobierno federal no se sentirá a gusto alejado de los espacios que le permiten figurar y posicionarse.

 

En realidad, lo que menos importa es el desarrollo del coronavirus en el país, pues al final de cuentas ninguno de sus pronósticos fue acertado. Lo que importa es figurar, tener presencia, posicionarse, seguir siendo el rockstar inesperado de la 4T.

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